El domingo se produjo un acontecimiento planetario.
No, no es el descubrimiento del eslabón perdido entre las filas “socialistas”. Tampoco que las formas de perder pero ganar son tantas como excusas.
Ninguna de las dos era nueva; aunque, quizás en un afán por superarse día a día el PSOE busque entre orangutanes el próximo nombramiento. Se darán de tortas en UPyD…
Hablo de la alianza de civilizaciones entre el país de la pasta y el de las sevillanas. Podíamos haber optado por el Coliseo, la Capilla Sixtina o la Piedad, pero debido a ese afán tan español por descubrir nuevos horizontes de estupidez hemos elegido la berlusconización de una política ya de por sí corroída.
Si ha sido vergonzoso ver al pseudolíder popular de rodillas ante Camps –lo que tienen los favores es que se devuelven - no podía faltar en la visita al museo de los horrores Felipe González; del que se cuenta tienen junto a Waltt Disney y Alfonso Guerra y sólo sacan en tiempo de elecciones para movilizar a la generación de la transición. La que cambié amnistía por un Borbón, se olvidó de lo inolvidable y aún enfervorece con cuatro gárgaras políticas, que algunos pretenden llamar discurso, del mayor estafador de españa.
¿La respuesta?
La meiosis de los panes y los peces nada comparado con los votos del PP en Valencia y Madrid. Y como colofón, en rueda de prensa un tipo salido de las películas de Pajares y Esteso, Fabra. Gafas de sol, aire chulesco y el respaldo de las urnas.
Pero las elecciones a funcionario europeo han dejado algunas cosas claras. La necesidad de una regeneración política en la izquierda que de vuelva la ilusión, algo radicalmente diferente a los partidos tradicionales; unas, en democracia, más que exigibles listas abiertas; y que si en españa los necios volasen cubrirían el cielo, aunque el problema es que también votan.
Presenciamos una campaña entre trajes y tráfico de influencias; Falcon, enanos y bailarinas; títeres y divas; Camps y Fabra; Zapatero y Berlusconi; Rajoy y Aguirre…
… y nos acostamos con la extrema derecha en Europa y media españa con síndrome de Estocolmo.
Para ellos buena vida y para los ciudadanos…
democracia.
